Se acabó. Adios con final feliz al año III tras la Copa del Rey. Después del delirio del Calderón y de que Cañas recogiera el regio trofeo, no ha habido más que sufrimiento. Sobre todo el del año pasado y el de este que acabamos de despedir con un intrascendente empate en el Coliseum. A partir de este momento veremos qué movimientos hace el mandamás. Una vez que ha quedado claro que no vende, falta saber si va a vender otra vez a la afición, si va a vender las ilusiones del beticismo.
Sólo en su mano está arreglar las goteras, entiendase la metáfora. El capataz Chaparro le ha pedido que invierta en el cortijo para que no se caiga. Pero el amo no permite consejos y menos que cuesten dinero. Y veremos si no manda al capataz a freir esparragos. En esas estamos. Sin saber si el hombre que ha salvado los muebles dos años consecutivos, sobre todo éste con una labor digna de elogio, va a continuar al frente de la nave o lo van a tirar por la borda en un acto que sería tan incomprensible como el club en sí. Con metafora rural o acuático, no se si estarás de acuerdo conmigo en que cada vez toma más verdad aquella frase de Serra: "El Betis será lo que Lopera quiera". Ese es el problema.










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